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jueves, 25 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (VI)

Quinta corrida de feria: El día del santo, estalla la ira de los justos…

Decía hace un par de días que cuando el toro falta, todo se descompone. Pues resulta también que cuando está presente en la plaza, también las cosas suelen torcerse, como ocurrió el día de San Marcos de hace medio siglo, cuando se anunció un encierro de Piedras Negras para que lo enfrentaran Jesús Delgadillo El Estudiante, Antonio Lomelín y Curro Rivera. Las crónicas de la fecha señalan que la corrida tuvo edad, trapío y el peso adecuado para ser lidiados en un festejo de esta naturaleza, pero, como veremos adelante, aún así, no cumplieron con su destino final.

La corrida que envió don Raúl González aparentemente no tuvo la fuerza necesaria para mantenerse en el ruedo. Escribe don Jesús Gómez Medina:

Un encierro, un lote con edad y trapío, sí; también con bravura, pues cuando pudieron, fueron al caballo. ¡Ah! Pero con una debilidad de remos tan aplastante que dieron pábulo al estallido de la indignación popular. El ganadero, a manera de explicación a lo anterior, adujo la existencia de materias nocivas en el piso de los toriles. Más sea esta o no la razón de lo ocurrido; ya se trate de un lamentable síntoma degenerativo originado en la consanguinidad; en suma, sea cual fuere la causa, lo único positivo, por hoy, es que la divisa rojinegra echó un baldón en su añejo historial… Y esto, a reserva de lo que arroje la investigación solicitada por Raúl González…

Recuerdo la transmisión radiofónica de la corrida, en la que el ganadero de Piedras Negras explicaba al micrófono, primero por el sonido local y después por el de la radio, que los toros habían sido intoxicados o drogados de alguna manera que impedía su normal desplazamiento en el ruedo. También me llega a la memoria la monumental rechifla que se llevó cuando usó el sonido local, porque a la concurrencia que llenó la San Marcos, no le parecía creíble el argumento de don Raúl González, pero también me queda todavía la impresión de que se necesitan muchos redaños para hacer lo que hizo en esos momentos complicados.

La ira de los justos

La bronca que se fue produciendo al rodar por la arena los piedrenegrinos fue in crescendo. Que se caiga un toro, pasa; dos, pues quizás, pero cuando la tónica del festejo es que vayan rodando por la arena uno tras otro de los que componen el encierro, es para acabar con la paciencia hasta del Santo Job. En esos casos, es cuando la multitud en el tendido se convierte en una sola voz y reclama lo que por derecho le corresponde, una fiesta íntegra. Así lo percibió don Jesús Gómez Medina:

Desde que a la democracia auténtica la expulsaron de los recintos parlamentarios y de las lides políticas, es tan solo en las plazas de toros donde tan discutida como ilustre dama conserva, íntegras, todas sus prerrogativas y todos sus fueros… Son los tauródromos, en efecto, el postrer reducto del "ágora" donde mantiene aún plena vigencia y logra su cabal realización este concepto nacido en los tiempos clásicos de la vieja Grecia. Es allí, indudablemente, el sitio donde el pueblo ejercita real y positivamente su soberanía: y esto lo pone de relieve aclamando, pitando, aplaudiendo o zahiriendo sin cortapisas ni restricciones a cuantos factores se combinan para la verificación del espectáculo, sean ellos toreros, ganaderos, empresarios e inclusive autoridades. A éstas, quizás, con más fuerza: ¡dígamelo a mí! …Nada pues, más natural que ayer, al considerarse defraudados los espectadores por las misérrimas y deleznables características de los astados de Piedras Negras, su protesta haya estado, asimismo, en forma reiterada, tumultuosa…

Se reclama pues, a todas las fuerzas vivas de la fiesta, a todos los que de manera directa intervienen en la organización y realización de los festejos. Y sí, en el tendido hay una auténtica democracia, la que se hace presente cuando el interés primordial del que paga por ingresar a la plaza es defraudado por aquellos que, en principio, tienen el indeclinable deber de preservar y mantener la autenticidad en lo que en el ruedo sucede. En esos casos, definitivamente, la ira que se expresa, es más que justificada.

El transcurso del festejo

Poco hay que relatar acerca de esa corrida. El único que lidió su lote completo de los toros anunciados, fue El Estudiante, porque los de Piedras Negras que sorteó, Polvo de Oro y Conquianero, pudieron mantenerse de pie, aunque sin representar complicación alguna, pues dicen los cronistas que entre su exagerada debilidad y la falta de sitio mostrada por el torero de nuestra Triana, poco trascendió a los tendidos.

Antonio Lomelín fue quien se encargó de aplacar en algo el incendio en los tendidos, cuando tomó los palos para banderillear al quinto – bis, un torillo de Suárez del Real y Curro Rivera al lidiar a otro torete de Gustavo Álvarez que cerró el festejo y al que le cortó una oreja. Al final, se lidiaron tres toros del encierro titular (1º, 2º y 4º), dos de Gustavo Álvarez (3º y 6º) y uno de Suárez del Real (5º). Vale reseñar también que el tercero – bis, de Piedras Negras, nada más salir al ruedo se desplomó y tuvo que ser apuntillado allí mismo.

La versión del ganadero de Piedras Negras

En la crónica del festejo aparecida en el Heraldo de Aguascalientes, sin firma, se contiene esta versión de lo sucedido en los chiqueros de la plaza, atribuida a don Raúl González:

El ganadero de Piedras Negras, Raúl González, aseguró ayer que al hacerse la revisión de los chiqueros encontró varias cosas anormales que según él iban en contra del buen juego de sus toros, comunicándolo de inmediato a la empresa como a los matadores antes del festejo y además entregó una bolsa de polietileno con tierra en la que se encontraron vestigios de amoniaco y otras sustancias, dijo… Esperemos el dictamen de las autoridades que tomaron conocimiento de éste lamentable caso, en la investigación de que si fue amoniaco o falta de comida o bien consanguinidad, pero pasemos al toro, que es lo nuestro…

La investigación efectivamente fue ordenada por las autoridades municipales, misma que fue encomendada al Mayor Médico Veterinario Álvaro González Haro, quien dictaminó en el siguiente sentido, al alcalde don Ángel Talamantes Ponce:

Por medio del presente me permito informar a Ud., el resultado de la inspección sanitaria verificada a (SIETE TOROS), que fueron lidiados en la plaza de toros San Marcos el día de ayer, la cual, según el diagnóstico del C. Mayor Med. Veterinario Álvaro González Haro, es la siguiente: Ganglios: Cervicales, Mediastínicos, Mesentéricos, Crurales: NORMALES. Pulmones, Hígados, Corazones, Rumen, Intestinos, Riñones: NORMALES. Canales: Lesiones traumáticas propias de la lidia. Atentamente: Mayor Médico Veterinario: Álvaro González Haro (rúbrica). Administrador: Javier Cuéllar Díaz (rúbrica).

Lo que no se practicó, a mi juicio, o no se dio a conocer, fue una batería de análisis de sangre y orina que pudieran determinar la presencia de sustancias tóxicas en el torrente circulatorio de los toros, únicamente se acredita la integridad de los toros lidiados y muertos en la plaza de toros en la víspera. No obstante, esto viene a representar el primer examen post mortem de la historia reciente de la fiesta en Aguascalientes que, documentado, trasciende al público.

Los toros devueltos al corral

En las páginas interiores de El Sol del Centro del día 30 de abril aparece, sin firma, una nota en la que se hace alusión al dictamen rendido acerca de la salud de los toros lidiados el día 25 de abril y al mismo tiempo se relata que los dos de Piedras Negras que sobrevivieron por haber sido devueltos a los corrales, fueron toreados a puerta cerrada por Alfredo Gómez El Brillante y José Antonio Picazo El Zotoluco, anunciados para actuar en la novillada del 5 de mayo siguiente. Entre otras cosas, esa información revela:

¿Recuerdan ustedes a los toros reumáticos de Piedras Negras que en la corrida del pasado 25 de abril fue necesario devolver a los chiqueros precisamente por eso: por su absoluta invalidez que los hacía inaptos para la lidia? Pues bien; dos días más tarde, a puerta cerrada dichos bureles fueron lidiados por los novilleros Alfredo Gómez y José Antonio Picazo y, ante la sorpresa general, aquella invalidez que provocó las airadas y justificadísimas protestas generales y consecuentemente, la vuelta al corral de los piedrenegrinos, había desaparecido por completo…

Así entonces, el 27 de abril, una vez que reposaron y que dejaron de respirar el encerrado ambiente de los chiqueros de la plaza, esos dos toros se comportaron con absoluta normalidad. Del juego que dieron, se dijo entonces:

Vimos, en cambio a dos toros que fueron repetidas veces al caballo con presteza; que recargaron de firme ante el jamelgo; y que más tarde permitieron a los mencionados novilleros que los toreasen de muleta larga y exitosamente… Con mayor lucimiento, más quieto y centrado con el toro, que mostró gran docilidad y nobleza, Alfredo Gómez, que inclusive hizo demostración de temple y limpieza en sus muletazos. Por todo ello, cuando liquidó al de Piedras Negras, fue calurosamente aplaudido por los numerosos aficionados presentes… El burel que lidió José Antonio Picazo estaba reparado de la vista, circunstancia que, como es natural, creó ciertas dificultades al joven torero; el cual, pese a todo, lidió con acierto y despachó con prontitud al cárdeno piedrenegrino…

Y por supuesto, volvió a surgir la interrogante acerca del origen del comportamiento de esos toros el día que estaba originalmente anunciada su lidia:

¿La inaudita endeblez exhibida por los de Piedras Negras en el lamentable festejo del día 25 fue, como ahí se dijo, producto de una causa externa, o como parecen demostrarlo hechos posteriores, el resultado de una debilidad congénita agravada por las fatigas de un largo viaje, de las que no pudieron recuperarse los astados?

Ambos cuestionamientos pueden aceptarse como válidos. No olvidemos que la plaza San Marcos tiene apenas tres corraletas y que en una feria en la que se ofrecen corridas en días seguidos, resulta complicado tener los encierros con la anticipación suficiente para que reposen del traslado y se aclimaten debidamente; pero, también puede resultar válido el argumento de la causa externa, dolosa, porque el dictamen veterinario a mi juicio, resultó incompleto, toda vez que solamente se redujo a una exploración física de los cadáveres de los toros, pero no se profundizó en las cuestiones químicas y metabólicas que pudieran haber esclarecido ese capítulo de la intoxicación por agentes externos.

En fin, que todo esto sucedió hace 50 años y hoy resulta ser, cuando mucho, parte del anecdotario de la historia de nuestra feria… El día que estalló la ira de los justos…

domingo, 21 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (II)

Primera corrida de feria: Antonio Lomelín se alza con un importante triunfo

Raúl Acha Rovira tenía en 1974 un par de años apoderando a Antonio Lomelín. Y a fe mía que había apostado su resto al torero de Acapulco que, como él, se distinguía, por la pureza y la pulcritud con la que ejecutaba la suerte suprema. Ya había dejado Lomelín su signatura en Las Ventas de Madrid tanto en la fecha de su confirmación de alternativa, cuando salido prácticamente de la nada, le cortó tres orejas a los toros de Alonso Moreno de la Cova que le tocaron en suerte, para abrir la Puerta de Madrid y alzarse como uno de los triunfadores de esa temporada de la capital hispana. Un año después, volvió a lucirse con los toros de Mimiahuápam que en el mismo escenario se lidiaron y reiteró su peso específico en la principal plaza de toros del mundo.

Pero también había pagado ya una importante exhibición de la cuota de sangre que conlleva la fiesta de los toros, pues en agosto de 1971, un toro también de Mimiahuápam, en Tijuana, le partió el hígado y por su rebeldía y los deseos de ser alguien en la fiesta, su vida corrió serio peligro. Pero esas cuestiones también las tenía asumidas el torero guerrerense, quien seguramente entendía, como Frascuelo, que los toros dan cornadas, porque no pueden dar otra cosa.

Aquí en Aguascalientes, Antonio Lomelín empezó a acreditar su calidad a partir del serial abrileño de 1972, cuando se alza como triunfador de la corrida del día de San Marcos y se lleva el Escapulario de Oro disputado, al cortar la oreja al tercer toro de esa tarde. A partir de ese serial, sería prácticamente un fijo en nuestras ferias abrileñas.

La primera corrida del serial 1974

Para el domingo 21 de abril de 1974 se anunció un encierro del ingeniero Mariano Ramírez para Eloy Cavazos, Antonio Lomelín y Curro Rivera. El cartel era redondo. La ganadería de don Mariano había sido la triunfadora del serial anterior, lidiando dos encierros completos más algún toro suelto, resultando casi todos, de bandera. Los diestros alternantes, por su parte, tuvieron también destacadas actuaciones, así que, en la tarde de ese domingo inaugural, la plaza San Marcos lució un lleno total.

De la crónica escrita por don Jesús Gómez Medina para El Sol del Centro, extraigo lo siguiente acerca de los toros lidiados en esa fecha:

No fue del todo parejo en tipo y trapío el lote que envió el Ing. Mariano Ramírez. En general el encierro acusó falta de brío, de fuerza. ¡Ah!, pero el quinto, “Carcelero”, tuvo bravura y raza de la mejor calidad. La entrada, un llenazo. El primero de la serie…

Resume don Jesús en breves líneas el hecho de que solamente uno de los toros lidiados, el quinto, se prestó para florituras y recalca la gran entrada que registró el coso de la calle de la Democracia.

Antonio Lomelín y Carcelero 

El quinto de la tarde fue nombrado Carcelero por su criador, y al final de cuentas, resultó el toro que salvó al festejo del naufragio. Antonio Lomelín tuvo una actuación muy afortunada ante él, según podremos leer enseguida lo que en su día contó don Jesús Gómez Medina:

Cuando el matador toma las banderillas, adquiere, ante el público, el compromiso de realizar la suerte no como un rehiletero común y corriente, sino en forma más lucida que los subalternos… Y Lomelín, que a su primero habíale colgado dos pares caídos y un tercero superior; al banderillear a requerimiento popular, al magnífico “Carcelero”, cuajó cuatro estupendos pares de garapullos. El segundo, de poder a poder, piramidal por la forma en que alzó los brazos y cuadró ante los pitones… Y el cuarto, un par al quiebro en los medios de la plaza, nos hizo recordar aquel otro quiebro en el centro del ruedo que Fermín Espinosa cuajara con “Pichirichi” de Zacatepec, en una tarde en que el Maestro de Saltillo competía, en el segundo tercio, con David Liceaga y Carlos Arruza… Ayer, al clavar ese cuarto par, Antonio Lomelín competía con Antonio Lomelín… Acto seguido, con la plaza en ebullición, la faena. ¡La gran faena! El toreo en su expresión integral, puesto que la faena de Lomelín, cimentada sobre los recios pilares del aguante, el temple y el mando, tuvo también la preciadísima virtud de la ligazón; de la continuidad y brillantez en los muletazos y la extensión en las series a que daban pábulo la noble bravura y la alegría de “Carcelero”. Con la diestra, primero, y después también con la llamada mano torera por excelencia, Lomelín cuajó tandas de seis o más pases cabalmente enlazados, sin solución de continuidad, sin pausas entre una y otra suertes… Y todo esto, insistimos, con total quietud, toreando exclusivamente con uno y otro brazos. ¡Temple en la muleta y temple en el corazón! ¡Con entrega, en suma! …Pues bien: para que aquel todo que principió en los sedeños lances al natural prosiguió en los formidables pares de banderillas y alcanzó su cénit en el brillante trasteo muleteril estuviese bien “arrematao”, en cuanto la rediviva casta de "Carcelero" se lo permitió, Antonio Lomelín se echó sobre el morrillo para dejar una estocada desprendida, que poco después hacía doblar al bravo burel del Ing. Ramírez… Clamorosa ovación. Las dos orejas y el rabo que muchos protestaron pero que, a mi juicio merecía la rotundez de una actuación uniformemente triunfal. Y una doble vuelta al ruedo entre toda clase de homenajes… En resumen: un gran triunfo de Antonio Lomelín un torero que está dando vigorosos aldabonazos en la puerta del templo mayor del toreo mexicano…

La faena de Lomelín, de acuerdo con lo descrito por don Jesús, fue redonda, completa y si hay el interés de buscarle algún pecado, quizás el de la estocada desprendida, pero el cronista y juez de plaza justifica en su texto la concesión de los máximos trofeos a partir de la redondez de su actuación.

La tarde de los alternantes

Eloy Cavazos, contra su habitual manera de actuar, pinchó a los dos toros de su lote, los que no se prestaron para el lucimiento, no obstante, tras de terminar con el cuarto, logró ser invitado a dar la vuelta al ruedo. Por su parte, Curro Rivera, según observó en su día don Jesús Gómez Medina, se vio falto de decisión, aunque por momentos lograra engarzar algunos muletazos de indudable valía, preguntándose qué era lo que requería para superar ese estado de ánimo. Saldaría también esa su primera comparecencia en la feria, con una vuelta al ruedo.

Las cuestiones filarmónicas

Y continuaba en la prensa la polémica sobre la cuestión de si la música debía o no de estar presente durante la actuación de los toreros en la plaza. Escribió don Jesús Gómez Medina:

Y para beneplácito de los verdaderos aficionados y a despecho de quienes confunden la plaza de toros con la Plaza de Garibaldi, fueron muchos los que ayer se opusieron enérgicamente a que las faenas muleteriles se convirtieran, sin causa para ello, en meras audiciones de música populachera…

Por su parte, Alejandro Hernández, quien cubrió en este año su primera feria completa para El Heraldo de Aguascalientes, reflexionaba en el siguiente sentido, a propósito de la actuación de Eloy Cavazos ante el primero de su lote:

Al tercio final llegó el toro agotado y defendiéndose, optando su matador por tomar ciertas precauciones, al intentar correr ambas manos, sucediendo esto en medio de peticiones al juez, para que le concediera a la Banda que interpretara música de fondo a lo que él trataba de realizar. En esto queremos informarle al Matador, que según versa el reglamento taurino vigente en esta plaza, no es la Autoridad la que debe conceder o autorizar que se interprete la música, sino el director de la banda, a su pleno criterio, juzgando la calidad de la faena que en esos momentos ejecute el torero, así como también si ésta va en decadencia o desmejora, inmediatamente suspenderá dicha audición...

Al parecer las posiciones estaban ya tomadas, el diario más antiguo de la ciudad – El Sol – se pronunciaba por limitar en lo posible la actuación de la Banda Municipal durante las faenas, en tanto que El Heraldo tomaba partido en el sentido contrario. La polémica quedaba servida… Y sigue estándolo.

Esos fueron los acontecimientos más destacados de la corrida de feria de hoy hace medio siglo. Mañana continuaré con estos apuntes. Hasta entonces. 

domingo, 30 de abril de 2023

Feria de San Marcos 1973. La consolidación de un proyecto (XI)

Triunfal cierre de feria para Antonio Lomelín y Mariano Ramos


La octava corrida del serial de hace medio siglo se celebró la noche del lunes 30 de abril. Aunque al final se lidiaron toros de tres hierros distintos, originalmente se anunció un encierro del Doctor Labastida para Antonio Lomelín, Mario Sevilla y Mariano Ramos, siendo el cierre de la participación en la feria del torero de Acapulco, que cerraba su tercera actuación, en tanto que el charro de La Viga, completaba su cuarta presentación, esta última, por la vía de la sustitución pues originalmente la fecha era de Francisco Ruiz Miguel, quien se cayó de nuestra feria, al ser contratado de última hora para actuar en la de Sevilla.

Decía que se lidiaron toros de tres hierros diferentes y es que, de las crónicas del festejo, se aprecia que el primero que saltó a la arena fue uno de Torrecilla, pues el del encierro titular murió en los chiqueros y al final, Mario Sevilla regaló otro de Valparaíso, completándose así el número de ganaderías que se lidiaron en ese festejo nocturno, el último a celebrarse en ese horario durante el ciclo que me ocupa en esta oportunidad.

Antonio Lomelín se alza con un triunfo

En sus dos actuaciones anteriores Antonio Lomelín tuvo algunos momentos de lucimiento, dejando claro que estaba ya totalmente repuesto de aquella cornada que Querendón, de Mimiahuápam le había inferido poco más de un año antes, pero el factor de la falta de pujanza en los toros que el sorteo le deparó, impidió el redondeo de alguna faena, quedando, para el recuerdo, algunos detalles con las telas y sobre todo, su espectacular manera de oficiar en el segundo tercio.

En esta tarde del 30 de abril del 73, Lomelín salió a por todas. Así lo contó en su día don Jesús Gómez Medina:

Desde el primer momento; desde que salió a vérselas con el burel de Torrecilla lidiado en sustitución de uno del encierro del Dr. Labastida que murió en los chiqueros, el de Acapulco dio prueba patente de que venía por el triunfo… se quedó quieto en los lances iniciales; encendió el fuego emotivo mediante un quite por gaoneras ceñidísimo… con la franela, se hizo del burel mediante una tanda de trincherillas con garbo, con arte, para tirar luego del aplomado astado y pasárselo por la pechera en una y varias tandas de templadísimos derechazos, con aguante, con ajuste, con emoción… media estocada y descabello al segundo golpe. Ovación y vuelta al ruedo… El cuarto, “Gallito”, de salida remató en el burladero de matadores. A guisa de bienvenida. Lomelín se quedó quieto en los lances iniciales, a los que añadió una serie de chicuelinas más que estatuarias, estáticas, en los propios medios, arrancando una ovación… un formidable tercio de banderillas. Porque fueron tres pares en los que Lomelín hizo derroche de gallardía, de arrojo y de destreza, saliendo inclusive rebotado y con la taleguilla rota del segundo, al que añadió, en cuanto le repararon el flux, otro espectacular par; determinante todo esto de que Lomelín hubiese tenido que saludar, emocionado, desde el tercio, entre las aclamaciones de los espectadores… Y para remate, una faena meritoria en extremo, pisándole el terreno y aguantando a un toro aplomado, al que hizo pasar mediante el prodigio del temple y a la que puso término, previa labor de aliño para cuadrar al burel y liquidarlo con un estoconazo a un tiempo, llegando con la mano al pelo y descabello al tercer golpe. Gran ovación. Una oreja y la vuelta entre aclamaciones, flores y prendas de vestir, concluida toreramente en los medios del redondel…

Antonio Lomelín también dejó claro que pedía paso. La historia nos deja claro que lo tendría más complicado, que los toros le pasarían caras facturas a cubrir, pero también que él no se arredraría y que, aprovechando las oportunidades adecuadas, se pondría en el sitio de privilegio que le correspondía. En esta oportunidad dejó su signatura en nuestra plaza y se aseguró volver a ella con asiduidad.

El batiente cierre de feria de Mariano Ramos

Mariano Ramos iba a triunfo por tarde en el San Marcos de 1973. Sin barruntar siquiera cual sería el techo de su hacer ante los toros, y sin sentirse apabullado por los blasones de sus alternantes, salió a darle a los toros que le tocaron en suerte la lidia que requerían y sobre todo, a conectar con los tendidos, activos estos, que se supone son esenciales en toda figura del toreo.

La noche de su cierre de compromiso en la feria de hace medio siglo, no tuvo precisamente toros a modo, de acuerdo con la narración de don Jesús Gómez Medina, la faena que realizó al primero de su lote, fue totalmente obra suya:

“Marquesito”, el tercero, salió con una alegría que no mostraron sus hermanos; sin embargo, Mariano Ramos no se acomodó al torearlo de capa… El puyazo de rigor y más tarde, frente a un bicho aplomado, reservó, la gran faena, ¿qué digo?: el faenón de Mariano, quien, a base de aguante, de llegar con admirable serenidad hasta la cara, de estar siempre allí, sin titubeos ni desfallecimientos, consiguió, con la virtud del temple, supremo definidor de los grandes toreros y de las grandes faenas, realizar una de altísimos y brillantes quilates. Los derechazos, por su dimensión inusitada, por el mando, por la tersa y pulida trayectoria del engaño, por la exactitud en el remate de capa pase y la trabazón con el siguiente, hasta integrar varias series en las que, asimismo, campeó el ajuste y la emoción, causaron la euforia, la explosión colectiva en el graderío. ¡Era aquella la lección admirable de un joven maestro del toreo!, cuyo arte está avalado con dos características de inapreciable valía: el aguante y el ritmo; un ritmo, un temple exquisito, que dio pábulo a aquellos pases por abajo y de pecho, en los que el torero tiró del astado con lentitud tal, que se antojaba inverosímil… Entre el desbordamiento de entusiasmo, un pinchazo en lo duro. Y, acto seguido, tres cuartos de acero que hicieron doblar al burel. Estrepitosa ovación; la oreja, la vuelta al ruedo y saludo desde los medios para el flamante astro en que salió convertido de esta feria, Mariano Ramos…

De nuevo fue la espada la que le privó de obtener más trofeos, pero la relación del cronista deja claro que la faena tuvo estructura, que el torero se tuvo que meter en terrenos que se consideran comprometidos y que tuvo que obligar al toro, que, como relata don Jesús, se aplomó, se quedó parado.

Mario Sevilla

En la feria del año anterior, Mario Sevilla había dejado un buen sabor de boca en la afición de Aguascalientes. Le cortó una oreja a uno de los toros de don Valentín Rivero el día que se presentó en ella Curro Rivera y dio vueltas al ruedo con el ganadero y el empresario don Guillermo González Muñoz. En la corrida del Escapulario, ya no estuvo tan bien con un toro más complicado. Pero esa primera actuación le valió regresar para el calendario siguiente, en esta tarde que trato de presentarles y en la que, a decir de don Jesús Gómez Medina, poco o nada dejó para recordar:

Emparedado entre dos toreros triunfadores y plenamente embalados, la actuación de Mario Sevilla resultó más insulsa, más deslucida. Poco, muy poco plausible hubo en su labor, pese a que, buscando el desquite, regaló un séptimo astado, de Valparaíso, mansurrón, pero manejable.

Y seguramente que así fue, porque en esta feria de 1973, varios toreros actuaron en ella por última vez, y Mario Sevilla es uno de esos diestros que ya no volvimos a ver por aquí vestidos de luces.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.


sábado, 29 de abril de 2023

Feria de San Marcos 1973. La consolidación de un proyecto (X)

Mariano Ramos se lleva el Escapulario de San Marcos

Hace unos días conversaba a la distancia con Carlos Hernández González, el entrañable Pavón y a propósito de la novillada de preferia ya comentada por estos andurriales, me decía que se extrañaba la presencia de la Casa Domecq en los toros y de los certámenes que organizaba en las principales ferias y temporadas de nuestro país. No tuve más que asentir y reconocer que en estos tiempos que corren, las grandes empresas que antaño se ufanaban por patrocinar a la fiesta de los toros, hoy se refugian en un acomodaticio concepto que titulan publicidad responsable, que les impide relacionarse por esa vía con la tauromaquia, independientemente de que, en lo económico, puedan signar jugosos contratos con las empresas taurinas, para comercializar, en exclusiva, sus productos dentro de las plazas. Como se ve, juegan con una moneda que tiene dos caras y siempre que la tiran al aire, cae hacia arriba, la que les da el triunfo a ellos.

Y es que tanto el trofeo novilleril del Cristo Negro del Encino, como el Escapulario de San Marcos para los matadores de alternativa y en un inicio, dos trofeos a designar por un jurado nombrado ex – profeso, para el triunfador de la feria y el mejor encierro, consistentes en aquella época, en esculturas del maestro Humberto Peraza, eran parte del Certamen Taurino Domecq, que al paso de los años y de la introducción cultural de ideas que no corresponden a nuestra manera de concebir la existencia, se fue diluyendo hasta desaparecer completamente. Hoy en día, son los colectivos de aficionados, quienes, con sus propios medios, reconocen a los triunfadores, sin apoyo o patrocinio de ninguna de esas grandes firmas comerciales, que “en lo oscurito”, siguen medrando con la fiesta.

La corrida del toro de 1973

Se empezaba a generar como tradición en las ferias con el formato como la que se instauraba en Aguascalientes, que los toreros se contrataran por un determinado número de tardes, mas la corrida del toro, un festejo en el que, en disputa de un trofeo, actuaban seis matadores, una especie de beneficio de la empresa. Era una tarde en la que el lleno estaba casi asegurado, pues mucha gente acudía a la plaza para ver, por un solo boleto, a seis de las principales figuras anunciadas en el serial.

En el caso de Aguascalientes, durante muchos años tuvo un incentivo importante, porque el Escapulario de San Marcos era una pieza de oro macizo que la casa vitivinícola arriba citada, ponía en disputa y tenía, aparte del valor propiamente taurino, un valor económico considerable, por ello es que ese cartel era una especie de festejo de triunfadores, aunque se anunciara desde antes de arrancar la feria y los toreros en ella, en realidad se disputaban las palmas, el trofeo y el triunfo.

Posteriormente esa corrida se aprovechó con fines de beneficencia, y no creo estar equivocado que el incentivo en esos casos, sería algún medio para obtener deducciones fiscales, porque los carteles seguían llevando los nombres más destacados del momento taurino. En los últimos tiempos, se propuso la celebración de la Corrida de la Oreja de Oro, a beneficio de la Asociación de Matadores, pero desvirtuando su inicial propósito, que era el de acartelar a los triunfadores de una temporada, para convertirla en apenas una corrida de la oportunidad.

Pues bien, hace 50 años se anunció un encierro de Las Huertas, ganadería de don Luis Javier Barroso, que iba al alza en ese momento, para que la lidiaran Manolo Espinosa Armillita, Manolo Martínez, Jesús Solórzano, Antonio Lomelín, Curro Rivera y Mariano Ramos y esa tarde del domingo 29 de abril, la Plaza San Marcos se llenó hasta en la azotea del tendido de sombra.

El encierro de Las Huertas

A propósito del encierro enviado por don Luis Javier Barroso, titular del hierro de Las Huertas, don Jesús Gómez Medina escribió:

Astados con el respeto adecuado a un festejo de matadores de toros; inclusive hubo uno, el quinto, que, al salir de los chiqueros, arrancó una exclamación unánime de los aficionados; así era de impresionante su catadura… Más, además de respeto, los toros tuvieron bravura y encima buen estilo, exceptuando el mismo quinto ya mencionado… Fue, en suma, la de Las Huertas una corrida con la que los matadores anduvieron cómodos, desahogados y en plan torero; características que los taurófilos supieron estimar cumplidamente… Tan solo una tacha mostraron casi todos los bichos: su escasa fuerza de patas. ¿Deficiencia congénita? ¿Falta de la adecuada alimentación o, quizás, del terreno necesario para que los toros, con el ir y venir, vigoricen sus músculos...?

Mariano Ramos reitera su intención de ser figura

Decía al inicio que Mariano Ramos fue quien se llevó el Escapulario. Ya había hecho su declaración de intenciones la noche del lunes 23 y la tarde del día de San Marcos, día este último, en el que desorejó a un toro de Piedras Negras. Pues bien, en el festejo que hoy me ocupa, se enfrentó al sexto de la corrida y don Jesús Gómez Medina escribió lo siguiente en su crónica para El Sol del Centro, a propósito de su actuación de esa tarde:

Para el joven as del toreo mexicano fue “Candidato”, otro burel de buen estilo, si bien terminó aplomado. Con el percal, lances de diversa factura, con los pies juntos, abierto el compás o realizados a modo de mandil… Y con la franela, imponiéndose al agotamiento de “Candidato”, Mariano, tesonero, valiente por sobre toda ponderación, pero, además, con una seguridad y un sitio y un mando admirables, cuajó una faena que tuvo periodos de gran brillantez y emotividad; que colmó los entusiasmos populares; y que, por último, cuando Ramos se fue sobre el morrillo de “Candidato”, recto, decidido, en entrega total, y dejó el acero en todo lo alto; aunque luego “Candidato” se amorcilló, requiriendo del descabello al segundo intento; albearon los tendidos y, al hacerse acreedor a las dos orejas, Mariano Ramos, a la vez, se convirtió en el triunfador del festejo, ganador, asimismo, del Escapulario San Marcos, entre las ovaciones del respetable…

El cronista, a la vez Juez de Plaza, le concedió al llamado Torero Charro, las dos orejas después de haber finiquitado a su toro al segundo golpe de descabello. Esa es una señal importante de la magnitud de la faena de Mariano Ramos al toro de Las Huertas, misma que le valió para que por aclamación popular – así se adjudicaba ese trofeo – se le premiara con el Escapulario en disputa.

El resto de la corrida

Manolo Martínez le cortó una oreja al segundo de la tarde. Una oreja que al final del día no le resultó suficiente para llevarse el premio del festejo. Así fue su labor:

Se la cortó, en buena lid, a “Cantaclaro”, al que lanceó al natural yendo de menos a más en cuanto a lucimiento; adornóse luego haciendo la chicuelina en forma estatuaria, personalísima y remató con señorío. Un puyazo, y el de Las Huertas dobló los remos. Así llegó al trance final: muy suave, apurado de facultades, pero excelente de estilo. Y Manolo lo aprovechó cumplidamente para torearlo en redondo, con una y otra mano, con temple, con largueza en los naturales y derechazos; molinetes exactos, escultóricos; el del desdén, repetido con idéntico alarde de señorío y torerismo; el adorno espectacular del toreo con el engaño por la espalda y, para culminar, media en lo alto, que hizo pupa a “Cantaclaro”. Ovación; una oreja ganada en buena forma, y la vuelta al ruedo entre ovación general…

Otra faena destacada, aunque fuera de más a menos, fue la de Jesús Solórzano, de la que don Jesús nos cuenta:

“Talismán”, el tercero. Chucho Solórzano lo toreó por verónicas de clásica instrumentación; abierto el compás y a la vez, con temple, con ritmo, rematadas con media estatuaria. Tras el puyazo de rigor, un quite, el único de la tarde, por gaoneras de límpido trazo y con ajuste… A instancias del respetable, tomó los garapullos Chucho para cuajar el periodo más brillante, tal vez, de su labor. Fue el primero un par desigual; mejoró sensiblemente en la realización y colocación en el cuarteo que vino luego y que arrancó una sonora ovación; para concluir con un paresazo de perfiles extraordinarios: salió de las tablas sesgando por fuera, para quebrar en falso y al relance, en la cara y cuadrando superiormente ante los pitacos, igualó los garapullos en todo lo alto, ante el clamor unánime de los espectadores, que, de pie, aclamaban al magnífico rehiletero… La faena ya no tuvo idéntico nivel: la inició Chucho de hinojos, sufriendo un achuchón; y de pie toreó con la derecha en repetidas series, con limpieza, sí, aunque sin la emoción que fuera de desearse y que se hubiese producido si Chucho se aprieta más con "Talismán". Tres pinchazos y una entera, desprendida, dieron cuenta del de Las Huertas. Y, entre palmas generales, Solórzano dio la vuelta al ruedo…

Antonio Lomelín se lució en el segundo tercio con el cuarto, que se apagó pronto y Manolo Armillita y Curro Rivera no tuvieron mucha tela de donde cortar, por lo que solamente pudieron cumplir con decoro en su actuación.

lunes, 24 de abril de 2023

Feria de San Marcos 1973. La consolidación de un proyecto (VI)


Sin toro no hay fiesta posible (segunda parte)

La información previa a la crónica del festejo no se centra en promocionar la corrida del 24 de abril. El Sol del Centro reproduce la columna de Francisco Lazo que en la fecha también apareció en el diario deportivo Esto de la capital mexicana, misma en la que el tema medular es la visita que hizo a Chichimeco, la finca del maestro Armillita, misma en la que anunció que se iría a España para llevar allá a su hijo Fermín a hacer algo de campo, en vía de preparación para iniciar su carrera como novillero:

...el maestro de Saltillo nos dijo que será el domingo próximo cuando se marche a España para ver unas corridas de la feria de Sevilla, luego las de Madrid. “Las de aquí no me las voy a perder – manifestó –. Hay carteles buenos de veras...”. ¿Y cuándo suelta usted a Fermincito?, le preguntamos. Y el maestro respondió: “Ahora me lo llevo a España. Allá toreará en algunas ganaderías. Y si les puede a aquellos cómo a los de acá; este mismo año se vestirá de luces...”. Ya hemos dicho que Fermincito ha mostrado cualidades excepcionales y parece ser que en él hay una figura grande del toreo. Esperamos vivir para comprobarlo...

Fermín Espinosa hijo se presentaría como novillero en León, Guanajuato el 30 de diciembre de ese 1973 y haría una breve campaña española entre julio y septiembre de ese año, actuando en plazas de importancia como Bilbao y Valencia en España o Dax, en Francia.

El deshonor de la palabra de los toros

Ese 24 de abril de 1973, se anunció un encierro de don Jesús Cabrera para Eloy Cavazos, Antonio Lomelín y Curro Rivera, en la presentación de este último en la feria. De nueva cuenta los toros titulares volvieron a dejar que desear. Relata don Jesús Gómez Medina:

Como el gran clásico español del siglo XVI, para reseñar lo que fue anoche, la lidia de los seis primeros astados, bastaría con repetir la tan conocida frase: “Decíamos ayer...”.

Pues al igual que la víspera, habíamos asistido al desfile de un sexteto de bureles desprovistos de acometividad, tan sosos, tan reacios a embestir, tan mansos, en suma, que podrían constituir, a la verdad, la antítesis, la negación del verdadero toro de lidia…

El reenvío que hace don Jesús a su crónica del festejo de la víspera es en obvio de repeticiones. El año anterior, los toros que enviaron respectivamente don Valentín Rivero y don Jesús Cabrera fueron la materia que permitió escribir páginas de gran brillantez de aquel serial abrileño. Un calendario después, mostraron la otra cara de la moneda.

La noche salvada por un toro de regalo

La corrida, segunda nocturna de la feria, iba por el desfiladero, hasta que Eloy Cavazos, en una acción – o arrebato – poco frecuente en su forma de conducirse en los ruedos, decidió anunciar a la concurrencia que regalaría un toro. Ese toro de regalo fue Caperuzo, número 87, de la ganadería del ingeniero Mariano Ramírez.

Ante Caperuzo, Eloy Cavazos realizó, en palabras de don Jesús Gómez Medina, lo siguiente:

Salió pues “Caperuzo”, y como por ensalmo la escena se modificó radicalmente: el tedio, el aburrimiento que a esas alturas habíanse enseñoreado de los tendidos, desaparecieron como por encanto; y la alegría y la acometividad del toro, a su estilo de claro linaje, a su bravura, en suma, aunóse el torero cascabelero, siempre espectacular, en ocasiones zaragatero, pero realizado siempre en la proximidad de los pitones por Eloy Cavazos, y la escena se transformó radicalmente… Resurgieron entusiasmos que parecían definitivamente dormidos; la plaza se inundó de luz y de calor; el tedio y la languidez que habíase apoderado de todos los circunstantes, convirtióse en clamor, en fuego, en cálido comentario que a estas horas corre, entre el golpeteo de los dados y el grito bravío de las cantadoras, por todos los rincones de la Feria… ¡“Caperuzo”, con su bravura, operó el prodigio...! … En el toreo, hoy y siempre, lo primero será la bravura del astado. Y cuando ésta va aparejada al buen estilo, a la docilidad y alegría, asistimos a espectáculos de la brillantez de que anoche protagonizaron Eloy Cavazos, el de la Villa de Guadalupe y “Caperuzo”, el burel del Ing. Mariano Ramírez; y que culminó en la concesión de ambas orejas y el rabo para Eloy, en el arrastre lento para los despojos de “Caperuzo” y en los recorridos triunfales que, una y otra vez realizaron el torero, el ganadero y el empresario Guillermo González, entre el júbilo de un público que, pese a lo avanzado de la noche, resistíase a abandonar los tendidos...

El toro, se afirma, pone a todo el mundo en su sitio. Y cuando es debidamente aprovechado, también permite que se aprecie la grandeza de la fiesta y se aquilate, en su real medida el peso específico de cada uno de los factores que hacen posible la realización del espectáculo. Así quedó demostrado después de que Caperuzo se mostrara bravo y noble en una noche que se iba encaminando, irremisiblemente, parecía, al despeñadero.

El resto del festejo

Antonio Lomelín cortó una oreja esa noche, y más que cortarla, se la arrancó al segundo de la noche. Escribió don Jesús Gómez Medina:

Antonio Lomelín, en sus dos turnos, mostró en múltiples ocasiones, las características que le llevan a hacer el bien torear, con estridencias que no siempre resultan oportunas. A su primero lo toreó de capa y particularmente de muleta con lucimiento y calidad en la ejecución de los lances y de los pases; lo banderilleó, además, en forma lucida, y lo estoqueó en forma superior, haciéndose acreedor, por esto solo, a la obtención de la oreja y a la vuelta al ruedo…

Curro Rivera, por su parte, se llevó el lote más complicado de un mal encierro y también tuvo que enfrentarse a la malquerencia de un grupo de reventadores que lo hostilizaban al menor titubeo, sigue relatando el cronista de El Sol del Centro:

Toda la decisión y el torerismo innegables de Curro estrelláronse casi siempre ante las condiciones de sus adversarios. El primero, manso y con peligro, que, en varias ocasiones, ya al banderillear como al torear de muleta, le puso los pitones en el pecho. Además, tuvo siempre en su contra la hostilidad de un sector de espectadores, incapaces, al parecer, de aquilatar lo que fue una faena como la realizada el domingo por Curro con “Cartujo” … Al último, al que a base de tesón y de aguante consiguió meter en la muleta para cuajarle meritísimas series de pases en redondo, tuvo Curro la desgracia de pincharlo mucho y mal, inclusive de atravesarlo, amén de que el garapullo de una banderilla lo hirió en la mano derecha, dificultando con ello su labor final, hasta escuchar el aviso…

Un evento inesperado vino a cambiar el curso de un festejo que parecía quedarse con la imborrable marca del tedio en su historia. Esa circunstancia inesperada – por infrecuente – también vino a encaminar por otras vías el rumbo de la feria, como veremos en los siguientes días.


domingo, 20 de noviembre de 2022

12 de octubre de 1972: Se presenta la ganadería de Zacatepec en Aguascalientes

Hace 50 años se respiraba un ambiente taurino bien distinto en nuestra ciudad. Don Guillermo González Muñoz recién había adquirido la propiedad de la Plaza de Toros San Marcos y entre sus intenciones estaba la de reestablecer el sitio de privilegio que tuvo siempre Aguascalientes como una de las ciudades importantes en el mapa taurino de México, decaído en los años anteriores, cuando su actividad se había reducido a unas cuantas novilladas desperdigadas en el calendario y dos o tres festejos, casi de compromiso, en la Feria de San Marcos.

Para ello, desde el año anterior, había dotado al coso de la calle de la Democracia de un alumbrado moderno que permitiera dar festejos nocturnos en días laborables y ofreció en abril, 6 corridas de toros y una novillada en días casi consecutivos, demostrando que, con imaginación en la confección de los carteles, era posible llevar a la gente a la plaza. Y no se limitó al tiempo ferial, recuperó fechas tradicionales del calendario civil y religioso para establecer entre corridas de toros y novilladas, una verdadera temporada de toros en Aguascalientes y así, por ejemplo, en el ciclo 1970 – 71, ofreció 24 festejos entre corridas de toros y novilladas.

Ese ambiente propició que, bajo el auspicio de la Casa Pedro Domecq, se celebrara aquí en las primeras dos semanas del mes de octubre de 1972, la anunciada como X Convención Internacional de Aficionados Prácticos y Peñas Taurinas. Todos los días de esas dos semanas, por las noches, destacados aficionados prácticos se enfrentaban a erales en el hoy más que centenario ruedo de la plaza San Marcos.

Así, vimos actuar por aquí entre otros a Chucho Arroyo, Lalo Azcué, José Antonio Morales – que también se presentó por las afueras con su cuadro flamenco –, al peruano Raúl Aramburu Tizón, al Ing. Valente Arellano, Rogelio Contreras, Guillermo Torres Landa, Paul Armand, Pepe López Hurtado – éste después sería matador de toros –, al Dr. Manuel Hernández Muro o a Philip Jongeneel por los visitantes y por los locales, entre otros, al inolvidable Ángel Talamantes El Exquisito, a los hermanos Alejandro y Carlos Paredes, al apodado El Veterinario quien se anunciaba como El tapado de Aguascalientes, al inefable Adolfo de la Serna El Botas, o a Jaime Femat, entre los que mi traicionera memoria recuerda por el momento y que llevaban más gente a la plaza que muchos de los que hoy se autonombran figuras.

Todos ellos y varios más, se disputaron la Oreja de Bronce, donada por la compañía vinícola que ya mencioné y que en los eventos alusivos a la convención era representada por el matador Eduardo Solórzano, que noche a noche organizaba alguna reunión alusiva, con la finalidad de difundir y dar a conocer esta fiesta. Y hoy hablan de defenderla

Una corrida de toros en honor de los convencionistas

Don Guillermo González Muñoz era un extraordinario hombre de negocios y un gran aficionado a los toros. La plaza de toros y sus gastos, corrieron por su cuenta para la convención de aficionados y a la vista del ambiente que generaban los festejos de prácticos, anunció una corrida de toros en su honor. El ambiente era de expectación para el festejo, como lo describe en su Columna Taurina de El Sol del Centro, el periodista Everardo Brand Partida:

La noticia del día es indudablemente la celebración de la primera corrida de la temporada 1972 – 73, que se dará hoy a las 21:30 horas en el Coso San Marcos, con Currito Rivera, Antonio Lomelín y Mariano Ramos en el cartel. Se correrán astados de Zacatepec, con kilos y presencia... Como lo hemos informado, este festejo se dará en honor de los concurrentes a la X Convención Internacional de Aficionados Prácticos y Peñas Taurinas que se verifica en Aguascalientes y que día a día logra mayor lucimiento...

Así, para esa noche del jueves 12 de octubre de ese 1972, anunció la presentación en nuestra plaza de una de las ganaderías históricas en México, la de Zacatepec, a cargo en esos días de don Mariano Muñoz, para Curro Rivera, recién regresado de su triunfal campaña por ruedos europeos, Antonio Lomelín y Mariano Ramos. Curro Rivera toreaba aquí su segundo festejo en plazas mexicanas desde su vuelta a suelo patrio, pues había reaparecido en Morelia el 30 de septiembre anterior alternando con Joselito Huerta y Mariano Ramos en la lidia de toros del ingeniero Mariano Ramírez.

La entrada a la plaza fue cercana al lleno, y en los tendidos se percibió una cierta hostilidad hacia Curro Rivera, quizás rescoldos de lo que quedó de la anterior feria de abril, cuando las cosas no rodaron como se había programado, sin embargo, el festejo al final, fue uno de esos que, pueden considerarse de los que vale la pena recordar.

El triunfo de Mariano Ramos

Mariano Ramos todavía no llegaba al año de haber recibido y confirmado su alternativa, pero avanzaba con un paso firme y continuado hacia la posición de ser figura del toreo. En San Marcos se le anunció en la corrida de apertura del ciclo con una corrida de La Punta que no dio posibilidad de triunfo y en esa actuación dejó su carta de presentación, estableciendo que no había toro complicado para él. La noche del 12 de octubre del 72, se alzó, aunque con una sola oreja en las manos, como el triunfador de la corrida. Escribió Everardo Brand Partida para El Sol del Centro:

Fue el tercero de la noche, “Tahúr” de nombre, con 478 kilos de peso, el primero de los toros a los que se enfrentó Mariano Ramos, toreando a la verónica superiormente, abriendo el compás y cargando la suerte sobre la pierna contraria, para rematar la serie, que había parado al público de sus asientos, con media verónica sencillamente extraordinaria… En el centro del ruedo hizo el buen toreo con clase y templando superiormente, y así surgieron los ayudados en redondo y por abajo, que mantenían al público de pie; coreando lo que Ramos hacía, y los ¡olees!, se escuchaban largos en los tendidos… La pañosa fue a la izquierda de Ramos, y el natural largo y templado, sedeño el muletazo, surgió entre los olés en los tendidos, y el torazo de Zacatepec, colaboraba extraordinariamente para que el muchacho bordara una faena realmente primorosa, como hacía tiempo no se veía en el ruedo de la San Marcos. Concluida la hazaña, se perfila un tanto precipitadamente tan solo para pinchar en lo alto, y en el segundo intento sepulta media estocada en bastante buen sitio, que fue suficiente para que “Tahúr” se entregara a los servicios del puntillero. Los pañuelos florearon en los tendidos y la autoridad concedió la oreja del tercero de la noche a Mariano… Con el que se suponía se cerraba plaza, el sexto de la noche, de nombre “Catador”, Mariano volvió a exhibir su toreo fino, de mucha calidad, ya que desde sus lances iniciales los instrumentó en el centro del ruedo, dos de ellos a pies juntos y otros tantos, abriendo el compás y cargando la suerte, y los tendidos que estaban con el muchacho, volvieron a enloquecerse… Lamentablemente Mariano se puso bastante pesado con el acero, y cuando finalmente logró una estocada en bastante buen sitio, el público lo obligó a dar varias vueltas al ruedo. Se había entregado por completo a un torero, a la clase al pundonor, a la valentía y al torerismo de Mariano Ramos...

Curro Rivera y el exigir a las figuras

Decía que en el ambiente flotaba cierta animadversión hacia Curro Rivera. En cuanto salió el primero de la noche, con los avíos en sus manos se encargó de acallarla, pero al final, con la espada en la mano, echó todo a perder. Un espadazo muy delantero, casi un golletazo, trocó las cañas en lanzas y volvió a encender los ánimos en su contra.

El cuarto de la noche se llamó Bohemio, un toro que se quedó parado y al que había que andarle cerca y sacarle los muletazos de uno en uno. Curro Rivera así lo entendió y lo llevó a la práctica. Escribió en su día Jaime Martínez Fonseca para El Heraldo de Aguascalientes:

Su segundo no era una “perita en dulce”, pero el potosino le puso la casta, después de que parte del público empezó a exigirle de más, y a base de porfiar, poniendo su físico a tan solo una cuarta de los pitones, pudo sacar un partido extraordinario, mismo que los conocedores pudieron captar en su calidad y en su arte, al igual que el palco de la Autoridad, para que después de haber matado bien, se le concediera una oreja. Hubo algunas protestas, pero el chaval es una gran figura y a nadie más que a él, se le puede exigir así...

En El Sol del Centro, el cronista Everardo Brand Partida cuestionaba de manera ácida la concesión de la oreja sin que mediara la petición de la concurrencia. La realidad es que el reglamento aprobado en la víspera del serial abrileño establecía que si se pedía mayoritariamente el Juez de Plaza – en esos días don Jesús Gómez Medina – estaba obligado a concederla, pero no le quitaba la facultad de concederla sin petición, si consideraba que la faena la ameritaba.

Antonio Lomelín con un toro de regalo

A veces las cosas se tuercen para los toreros desde el enlotado de los toros antes del sorteo. Ese 12 de octubre, eso le sucedió a Antonio Lomelín. Los dos huesos de la corrida le tocaron a él. Pero su carácter y su voluntad de triunfar y de ser no le iban a impedir tratar de salir triunfante esa noche de una importante exposición, dado el hecho de que la afición asistente a la plaza no era solamente local.

Entonces, regaló uno de los toros de reserva, de Peñuelas, sin que las crónicas registren cómo fue nombrado. A ese propósito escribió para El Heraldo de Aguascalientes, su cronista Jaime Martínez Fonseca:

Regaló uno de Peñuelas, al que inició su faena con lances a pies juntos, para luego despatarrarse y darle tres verónicas que remató con una vistosa revolera. Hizo un magnífico quite por chicuelinas y tomó los palos para dejar un buen par, otro más y el último extraordinario, escuchando una diana. En el tercio final dio muletazos con la derecha de muchos kilates, obtenidos a porfía, pues el toro se refugió en las tablas y terminó su faena toreando por alto, mirando a los tendidos. Remató con un pinchazo y una entera, para que le fuera concedida la oreja...

Ese fue el resultado de una corrida de toros que, se organizó en una fecha no tradicional y en un día laborable, pero que llevó a la gente a la plaza y que tuvo un interesante resultado.

El año del 72 en Aguascalientes

El resumen de 1972 en Aguascalientes es interesante se dieron 23 festejos de enero a diciembre, 13 corridas de toros y 10 novilladas y de ellos, solamente ocho sucedieron en la Feria de San Marcos. Las corridas de toros fuera de la feria se dieron en días como el 23 de enero, 12 de octubre, 12 de noviembre y el 25 de diciembre, fechas algunas convencionales y otras no, pero que, en el sentido del aprovechamiento de la oportunidad, pueden invitar a la gente a asistir a las plazas.

Aguascalientes y Zacatepec

Los toros de Zacatepec no volvieron a nuestras plazas sino hasta casi 50 años después, cuando un toro para rejones, salió al ruedo de la Monumental, para el caballero en plaza Diego Ventura. Fue el 2 de noviembre de 2019, se llamó Arlequín, y sustituyó al titular de Fernando de la Mora que se lesionó al estrellarse en un burladero. El rejoneador luso le realizó una faena intensa, que terminó intempestivamente, cuando al toro se le terminó el gas. Hoy llevan la ganadería los hermanos Bernardo, Juan Pablo, Alejandro y Mariano Muñoz Reynaud, tercera generación de la familia que la fundó. Ojalá un día de estos podamos ver una corrida completa suya, encastada ya en Murube, para toreros de a pie.

Aviso Parroquial: Agradezco al Community Manager de la ganadería de Zacatepec el haber avisado a este amanuense la fecha correcta de la vuelta de ese histórico hierro a nuestras plazas, lo que me ha permitido hacer la corrección correspondiente.

lunes, 25 de abril de 2022

La Feria de San Marcos hace medio siglo (IX)

Antonio Lomelín se lleva el Escapulario de Oro

La séptima corrida de la feria se celebraría el 25 de abril, el mero día de San Marcos y como se empezaba a acostumbrar, era el festejo llamado en la voz popular la corrida del toro, mas no por el hecho de que en ella se lidiara un encierro de impecable presentación y características, sino porque en el mismo se anunciaba a seis espadas de los más notables que se presentaron en los demás festejos feriales, matando un ejemplar cada uno y para dar algún aliciente a toreros y afición, se ponía en disputa un trofeo.

En esta oportunidad, estaba en juego de nueva cuenta el Escapulario de Oro, aportado por la Casa Pedro Domecq y los toreros que irían a por él serían Raúl Contreras Finito, Jesús Solórzano, Antonio Lomelín, Curro Rivera, Mario Sevilla y Adrián Romero, quienes enfrentarían una corrida del ingeniero Mariano Ramírez. La corrida interesó a la afición, dado el gran éxito que resultó la del año anterior, en la que Manolo Martínez y Manolo Espinosa Armillita, escribieron una de las grandes páginas de la historia de esta etapa de la Feria de San Marcos.

El resultado del festejo

En esta oportunidad Francisco Lazo, transitoriamente encargado de la crónica taurina en El Sol del Centro, no elaboró nota previa o columna relacionada a esta corrida. El 26 de abril de 1972 aparece una breve relación suya, casi telegráfica, que reproduzco en su integridad:

La Plaza San Marcos registró otro lleno hasta la azotea.

Había expectación, “clima”, como decía Paco Malgesto al entrevistar a los seis alternantes por la radio. ¡Seis toreros por un solo boleto, amigo, aquello estaba rebosante!... Sólo que el encierro del ingeniero Mariano Ramírez, muy bien presentado, una auténtica corrida de toros, que peleó con los lanceros, pero que lamentablemente no fue debidamente picado, resultó poco propicia para el éxito de los de a pie. Si acaso, los tres primeros acusaron un poco de mejor estilo, pero los otros, francamente tiraban a bueyes.

Los toreros estuvieron empeñosos y si poco lograron, nos regalaron con seis estocadas que aligeraron el aburrimiento comenzaba a hacer presa de los tendidos.

Raúl Contreras “Finito” salió por delante y se enfrentó a un cárdeno con unos pitones impresionantes al que lanceó muy bien. Una gran vara de “Barana”, arriba y castigando de firme al toro que empujaba bravo, pero que salió doblando las manitas, débil. Raúl lo toreó a media altura, con buenas maneras, pero el público quería que echara la mano abajo y eso no era posible. Lo intentó “Finito”, y la res rodó por la arena. Iba bien el astado, pero sin fuerza y finalmente con la cabeza arriba, pasando apenas. Y vino una soberbia estocada que le agradecieron con aplausos.

Chucho Solórzano le salió a un castaño que arrancó aplausos en los tendidos. Muy bien de capa y banderilleó con lucimiento. Bravo, fue picado por “Zacatecas V” y se cambió el tercio precipitadamente. Con la derecha, toreó bien Chucho y cuando el toro fue acortando la embestida, toreó por la cara y con adornos, para estocada con travesía y golpe de descabello. Vuelta.

Antonio Lomelín se enfrentó a un cárdeno oscuro, bajito, lleno y logró verónicas con mucho sabor. Bravo el toro, fue banderilleado por Antonio, logrando un tercer par excelente. Este toro sacó mejor estilo y Antonio lo aprovechó debidamente, mientras la res tuvo fuerzas. Y le toreó en redondo y al natural, cada vez mejor que, ya decimos, Antonio parece recuperar su forma física y mejorar notoriamente su quehacer taurino. Escuchó aclamaciones y derribó de una gran estocada, entrando muy derecho y mojándose los dedos. Petición, oreja, vuelta. A la postre, el triunfador.

“Currito” Rivera sigue siendo hostilizado y como el chamaco se irrita pronto, pues las cosas se complican. Se enfrentó a un toro capuchino de pinta, de pésimo estilo. Puso empeño, pero al escuchar muestras de desagrado, se tiró a matar, lo que hizo de una estocada que caló y descabello al segundo golpe, retirándose entre silbidos.

El quinto fue para Mario Sevilla, un berrendo fuerte que pasaron sin que le pegaran debidamente. Muchos problemas presentó en el tercio final, por su arrancada fuerte y descompuesta. Mario terminó de media delantera.

Adrián Romero se enfrentó a un bicho feo, toreando bien a la verónica. Una vara apenas en el pellejo y lo pasan. Termina con la cabeza arriba y moviéndola como rehilete. Tres cuartos de acero, y a otra cosa... Y punto final a la Feria Taurina Aquicalitense de San Marcos 1972...

Como pueden apreciar, pareciera que el cronista capitalino se atoró y que seis festejos consecutivos le vinieron pesando al final del camino, y la andadura que comenzó publicando crónica y columna al mismo tiempo, fue perdiendo velocidad, hasta llegar al punto en que para despachar el último tramo del compromiso únicamente reseñó, en breves líneas, lo que sucedió en ese teóricamente, último festejo de feria.

La entrega de premios

Se había anunciado desde el día 16 de abril la entrega de los llamados Trofeos Domecq al triunfador de la feria y al mejor encierro lidiado en la misma. La ceremonia de premiación se verificó el mismo día 25 por la noche en el stand de esa compañía vinícola, montado en los aledaños del Jardín de San Marcos. 

El Jurado Calificador, integrado por Fermín Espinosa Armillita, Jesús Ramírez Gámez, doctor Alfonso Pérez Romo, Jesús Gómez Medina, Jorge Durán, Juan Andrea, Octavio Sanromán y Ramón Morales Padilla, determinó que el triunfador del ciclo era Alfredo Leal y que el mejor encierro fue el de Valparaíso, por lo que se hicieron acreedores a las estatuillas creadas por el maestro Raymundo Cobo para la ocasión. La información de la prensa es en este sentido:

La Feria Taurina de San Marcos llegó, anoche, a su feliz culminación, con la premiación que llevó a cabo la Casa Pedro Domecq, al mejor torero de la feria, a la mejor ganadería y con la entrega del Escapulario de Oro al torero triunfador en la corrida verificada el día de ayer… Fue para Alfredo Leal el magnífico trofeo, obra del escultor Raymundo Cobo, por haber sido el mejor torero de la feria. El Jurado Calificador del Certamen se basó, para emitir su juicio, en las faenas realizadas a los toros de Las Huertas y de Chucho Cabrera… Para la ganadería de Valparaíso fue el trofeo destinado a las dehesas que enviaron el mejor encierro en cuanto a trapío y bravura, y fue para el espada Antonio Lomelín, el Escapulario de Oro, por su actuación en la corrida verificada el día de ayer… Anoche en el stand de la Casa Domecq, tuvo lugar la entrega de los premios a los triunfadores. El matador Alfredo Leal recibió su trofeo de manos de don Eduardo Solórzano ex – matador de toros y representante de la Casa Domecq; el señor José Manuel Garamendi representó a don Valentín Rivero para recibir el trofeo a la mejor ganadería que fue la de Valparaíso y Antonio Lomelín recibió el Escapulario de Oro, todos ellos, de manos del matador Solórzano… Fue el señor Octavio Sanromán quien expresó a los asistentes el deseo de la Casa Pedro Domecq de continuar estimulando la fiesta brava, a través de sus promociones en la Feria de San Marcos... Alfredo Leal agradeció la designación que se hizo para otorgarle el Trofeo Domecq, señalando que su designación por haberse despedido de su carrera en una feria tan taurina como la de Aguascalientes…

Es decir, con este evento se daba, al menos formalmente el cierre de la edición taurina 1972 de la Feria de San Marcos, pero aún quedaba pendiente la novillada de triunfadores que se celebraba tradicionalmente el día 1º de mayo y flotaba en el ambiente una afirmación que hizo el empresario Guillermo González en la entrevista telefónica que concedió a El Sol del Centro el 5 de abril y que se publicó al día siguiente, en el sentido de que aparte de las siete corridas que anticipaba, pudiera darse un festejo más.

Si a esa última afirmación le sumamos el hecho de que el día 24 de abril el empresario declaró a Francisco Lazo el haber adquirido un imponente encierro de La Punta, la especie de la corrida extraordinaria iba cobrando cuerpo. De la novillada y del otro asunto también, me ocuparé según se acomoden las fechas.

domingo, 24 de abril de 2022

La Feria de San Marcos hace medio siglo (VIII)

Una triunfal ¿despedida? de Alfredo Leal

La sexta corrida de nuestra feria de abril se anunció con el atractivo adicional de que sería la última que el llamado Príncipe del Toreo, torearía ante la afición hidrocálida. Alfredo Leal, desde el inicio de la década de los cincuenta, tuvo actuaciones señaladas en la Plaza de Toros San Marcos y se distinguió siempre por ser un torero fiel a su concepto, a un toreo de clase, sin concesiones a la galería y pudiéndole a los toros. No por nada se decía que su hacer era de trazo limpio, puro, transparente como el cristal.

Se apartó para la ocasión un encierro de don Jesús Cabrera, un ganadero que siempre tuvo fe y admiración por el torero de la capital mexicana, el cartel con el diestro de Acapulco, Antonio Lomelín y con Curro Rivera, que cumplía así su tercera tarde consecutiva en el serial sanmarqueño y que, en los hechos, pretendía resarcirse de las pérdidas de la víspera. La nota previa al festejo, en El Sol del Centro de la fecha de la corrida, sin firma, entre otras cosas, cuenta:
Repite el justamente llamado “Príncipe del Toreo”, Alfredo Leal, que en su actuación anterior bordó una faena de ensueño que provocó las primeras ovaciones fuertes cuando toreó magistralmente al quinto de la tarde, de nombre “Lupillo”, de la ganadería de Las Huertas, faena que hizo salir del letargo a los aficionados que hasta esos momentos habían visto transcurrir la corrida más sin pena que con gloria… Esta tarde regresa para proseguir exhibiendo su arte y ante los de don Jesús Cabrera, habrá de volver a instrumentar esas faenas portentosas, porque quiere despedirse entregándose al público, que, en justo reconocimiento a su valor, su arte y su voluntad, deberá ovacionarlo como se merece…
Todavía flotaba en el ambiente el importante de Alfredo Leal triunfo en la tercera de feria, el más sólido del serial hasta ese momento.

Reflexiones sobre un adiós

En la crónica que escribió Francisco Lazo para El Sol del Centro, antes de relatar el hacer del Príncipe del Toreo ante los astados, reflexiona entre otras cosas:
Un día me dijo Alfredo Leal: “Es inútil todo lo que me digas. No puedo dar ese pasito adelante. En quince años de alternativa – hoy tiene 17 – no lo he podido hacer. Menos ahora...”. 
Y la paradoja, hoy, en el umbral del retiro, Leal se ha echado pa’lante y ha puesto a flote todo el arte que atesora. Él mismo me decía anoche, a la salida de la plaza: “No sé qué ha pasado. Veo con más claridad las condiciones del toro, y cuando menos me doy cuenta, ya estoy ahí, en terrenos que nunca antes pensé llegar a pisar...”. 
No, Alfredo Leal no debe irse todavía. Tiene que dar a los públicos ese toreo tan puro, sin las concesiones del adorno, del temple y belleza singular. Se lo debe a la afición que le ha esperado siempre, que le ha estimulado para que pusiera de manifiesto su toreo de seda. Anoche cuando daba la vuelta al ruedo con las orejas del que se supone es el último toro que matará en Aguascalientes, se escucharon gritos de “¡torero – torero!”, juntamente con otros de “¡no te vayas todavía!” ...Alfredo lloró emocionado, lo mismo que muchos hombres de las cuadrillas. Y lo vimos recorrer el anillo, recordando algunas de sus buenas tardes, donde hacía lucir su clase y otras en las que, indeciso, dejaba ir con todo y orejas a los toros, mientras él, con la cabeza gacha, se retiraba al burladero. Lo que no recordamos es que Alfredo le caminara a los toros… Y cruzarse sin afligirse. Y ponerle un sentimiento especial, a veces muy erguido, luego quebrando la cintura y a otras, rabioso, metiéndose con el astado para arrancarle, a base de exponer, magníficos ayudados y salir airosamente, echando tipo, después del remate… No, Alfredo Leal no debe irse todavía. Debe corresponder a la afición con ese toreo que ha puesto a flote, ese arte que todos sabían que lleva dentro, pero que tanto escatimó. Tiene una deuda que pagar...
Ya al contar su actuación ante el segundo toro de su lote esa noche, llamado Chamaco, refiere lo siguiente:
…en su segundo armó la gorda deveras. Se llamó “Chamaco” y salió haciendo cosas feas, parecía deslumbrado, pero después de arremeter contra el caballo, se compuso y dio una lidia clara, aunque se agarrara pronto al piso y tuviera el torero que meterse en terrenos comprometidos para encelarlo. Fue una faena breve, pero de pases de seda con ambas manos y cuando tocaron “Las Golondrinas”, Leal contrarrestó la dulzona melancolía de las notas, con un toreo rabioso sin demeritar la calidad del lance. Y vuelta al muletazo lento, al ritmo que imponía el diestro, no al de la arrancada del toro, con un valor sereno que no le conocíamos. Y la estocada. La brindó al público, como el toro lo había brindado al ganadero Cabrera. Entró muy derecho, vaciando suavemente y sepultando todo el acero, un tanto traserillo. La ejecución lo valió todo. Dobló la res, flamearon los pañuelos, dos orejas y vueltas otra vez, con “Las Golondrinas”. Se salta una dama, le abraza y le besa. Y le invitan vino en botas y se mantiene el grito de “¡torero – torero!”, y ese otro muy significativo: “¡no te vayas todavía!” Otra vuelta más, pedida por el público que abarrotó los graderíos del coso San Marcos… No, Alfredo Leal no debe irse aún…
El resto del festejo

Antonio Lomelín fue llamado a dar la vuelta al ruedo tras la lidia de su primero, un toro que duró poco y salió al tercio tras de echar a perder – paradójicamente – la faena que hizo al quinto, con la espada. Por su parte, a Curro Rivera se le pasó la factura de los hechos de la víspera y asegura Lazo en su crónica, que fue muy exigido. El hijo de Fermín, el de San Luis Potosí, todavía tenía una tarde pendiente ante nuestra afición.

Alfredo Leal se reitera

El 29 de abril, casi oculta en las páginas interiores de El Sol del Centro, aparece una nota en la que se contiene una entrevista para la Cadena García Valseca (CGV), sin firma, con Alfredo Leal. En ella, el torero reitera su decisión de irse de los ruedos y cuenta que ha estado regalando a amigos y compañeros de profesión, vestidos y avíos de torear y que quizás, en días próximos, pudiera torear una corrida más, en Nuevo Laredo, benéfica, a petición de sus amigos, los señores Longoria, propietarios de la plaza. Hace otras declaraciones, muy interesantes, de las que cito lo que sigue:
Fue un paso dado después de platicar ampliamente con mis familiares – dice Alfredo – me lo habían solicitado desde hace tiempo y no había querido decidirme, sino hasta estar completamente seguro de que no daría marcha atrás...
Quiero aclarar que no me voy de la fiesta, que me ha dado grandes e inolvidables satisfacciones, con amargura, dejo la profesión porque me parece insostenible la situación en la que se me ha colocado y no culpo a la fiesta misma, sino a quienes de momento la manejan y a cuyo arbitrio no quiero someterme. 
Prefiero irme con dignidad y no permanecer en un medio que se me ha vuelto hostil, de manera injustificada. De momento pienso no torear más, pero sí algún día cambian las cosas, quizás volvería a vestirme de luces, si las condiciones físicas me lo permiten.
Y concluye manifestando que se dedicará en lo futuro a sus actividades cinematográficas y de televisión, así como a administrar una finca que tiene en Guanajuato, actualmente a cargo de uno de sus hermanos.

La realidad es que al final de cuentas la afición y las empresas no dejaron ir a Alfredo Leal. Aquí en Aguascalientes volvió para la Feria de San Marcos de 1973 y estuvo tres tardes en ella, firmando, casi estoy seguro recordar, otra gran noche el 26 de abril de ese calendario. Antes, el 25 de marzo, había realizado la que fue su última gran obra en la Plaza México, ante Hortelano, también de don Jesús Cabrera, al que le cortó las dos orejas. Seguiría en activo hasta bien entrados los años ochenta, aunque ya no le volveríamos a ver vestido de luces por aquí.

miércoles, 20 de abril de 2022

La Feria de San Marcos hace medio siglo (IV)

Antonio Lomelín y Rafaelillo destacan en la segunda de feria

La noche del jueves 20 de abril de 1972 se celebró la segunda corrida del serial de ese calendario. Se anunciaron toros de Suárez del Real para el rejoneador Felipe Zambrano, Raúl Contreras Finito, Antonio Lomelín y Rafael Gil Rafaelillo. Al final de cuentas, solamente salieron al ruedo seis de los anunciados originalmente, pues el de rejones procedió de La Punta

Lo que costaba hacer una feria

Por su parte, Francisco Lazo, cronista huésped del mismo diario, en columna que publicaba de manera sindicada también en el Esto de la capital mexicana, deja unos trozos de una entrevista que realizó al empresario Guillermo González, en los que le reveló la inversión que realizaba para ofrecer a la afición de Aguascalientes una feria como la que estaba teniendo verificativo:

…orgullosamente, mandó encender la iluminación de la plaza, esta bonita plaza de San Marcos, con capacidad para 3,800 personas. No había una sombra, los reflectores, dando luz de cuarzo, hacen ver el ruedo como si cayera el sol de la tarde. Siguió diciendo Guillermo: “Compré esta plaza en un millón doscientos mil pesos. Le hice mejoras por seiscientos mil, doscientos mil de los cuales, fueron exclusivamente para el alumbrado”.

Guillermo González abrió el domingo pasado la Feria Taurina, dando el primero de los siete festejos que llevará a cabo. “Me fue mal – reconoce –. Hicimos una entrada de 79,800 pesos. Perdí alrededor de 50 mil del águila”.

¿Cuánto cuesta montar la Feria?

“En siete carteles invierto un millón, doscientos mil pesos. Agotando el boletaje en las siete tardes, entran un millón seiscientos mil pesos, lo que me daría una utilidad de 400 mil, aclarando antes, que dentro la inversión, están considerados los impuestos...”.

¿No es mucho arriesgar para lo que puede haber de utilidad?

“Yo trabajo para el futuro. Quiero que la Feria de Aguascalientes llegue a ser la más importante de las que se den en el mundo de los toros. Cuando lo logre, también habré logrado lo otro, ganar mucho dinero...”.

Ya hemos dicho que un lleno total deja 240 mil en taquillas. Guillermo ratifica: “Entre los boletos regalados y pases, hay que descontar un mínimo de $5,000.00 por corrida... Muchas personas, alegando tener algo que hacer en la plaza, consiguen asistir a la corrida sin pagar. Ahí van estos otros números: En la plaza caben 3,800 personas y siempre entran sin pagar un 14 por ciento... No me estoy quejando... Simplemente estoy señalando las cargas que hay en taquillas…”

Si hemos de creer las palabras del Cabezón, la utilidad que obtenía en ese entonces, era meramente marginal y era cierto en verdad que daba toros por pura afición. Es también ilustrativo, el hecho de que señale, con precisión, que más del diez por ciento de los asistentes a un festejo, ingresaban a él sin pagar su entrada. Sin duda, que era una gran carga, sobre todo si se tiene en cuenta el reducido cupo del escenario y el precio accesible de las entradas en aquella época.

La segunda corrida de feria y su resultado

La crónica del nombrado Francisco Lazo nos deja ver que los toros no dieron el juego esperado. El año anterior el encierro de don Francisco Suárez del Real acaparó todos los elogios, pero este 1972 la suerte le fue esquiva:

El encierro que envió el ganadero zacatecano Francisco Suárez del Real, no resultó como el del año pasado; bien presentado sí, cómodo de cabeza, fue disparejo en cuanto a bravura. Tres de ellos mansos sin remedio; otro resultó blando y dos atacaron pronto a la caballería, uno de ellos, el segundo, sacando magnífico estilo y el otro, el que cerró plaza, terminó entregándose al acoso del torero, embistiendo con docilidad. Los conformistas dicen que con dos toros buenos cumple una ganadería. A nosotros nos parece que no, más aún si en el encierro hay reses que acusen falta de sangre brava, que echen la cabeza abajo y rasquen y busquen finalmente por donde huir, como sucedió finalmente con los tres lidiados en primer término. Lo menos que se puede esperar de un toro de lidia, es que peleé, de principio a fin, sea cual fuere la calidad de su embestida. A esos toros que van, los toreros pueden sacarle provecho, mucho o poco según su capacidad, lidiando o toreando, palabras sinónimas que en los toros tienen significado distinto. Si el toro se para, no quiere embestir o busca caminos de salida, todo se desluce, aún el empeño de los diestros…

No obstante, Antonio Lomelín, con el quinto de la jornada, pudo lucir y llevarse una oreja en la espuerta. El toro se llamó Abrileño II, recordando al que el año anterior le correspondió a Manolo Espinosa Armillita y le permitió llevarse el Escapulario de Oro de San Marcos:

…la fortuna sonrió a Antonio y le envió a “Abrileño II” que hizo honor a la familia, pues es sabido que “Abrileño I” dio magnífico juego el año pasado. Bravo fue el torito que llegó al tercio mortal con magnífico estilo, metiendo la cabeza con gran claridad. Y Antonio banderilleó estupendamente, primero al cambio, saliendo un poco comprometido y luego dos cuarteos alzando los brazos, cuadrando y clavando en todo lo alto, le hizo una faena de altibajos. Comenzó con dos cambiados en el centro del anillo, y corrió muy bien la mano para entusiasmar al público... y luego mezcló una serie de vulgaridades que no correspondían ni al toro que tenía enfrente, ni a los pases que había logrado en un principio. De pronto toreó serio, luego toreó de rancho. Pero ya había encendido los entusiasmos y como cobró una magnífica estocada a toro arrancado, fue pedida la oreja que concedió el juez…

Por su parte, Rafaelillo se presentaba en Aguascalientes como matador de toros. Y cayó de pie ante nuestra afición. No cortó orejas por un descuido de la gente, que vista la hora en la que terminó la corrida, salió de la plaza, casi en estampida, para ir corriendo al Palenque a ver el espectáculo de Los Randall:

En su segundo, “Majareta” de nombre, lanceó con mandiles muy suaves y verónicas despatarrándose y cerró el capítulo pintureramente. Ya está la gente con él. Bravo es el toro, se arranca al caballo y llega al tercio mortal un tanto incierto. Pero “Rafaelillo” lo encela y nos regala un trasteo de calidad indiscutible, casi en el mismo terreno y en dos ocasiones el toro se frena a media suerte, pero el chiquillo no mueve una pestaña, solo el brazo para hacerle continuar el viaje. Hay temple y arte, todavía no hay la solidez de una figura consagrada, pero suficiente para tener la seguridad de que “Rafaelillo” va a escalar muy alto. Otra gran estocada y cuando esperamos petición unánime, el público toma las salidas apresuradamente, quizás hacia otros placeres que guardan estas noches de feria en la bella Aguascalientes…

Un hecho poco frecuente

Un error de los torileros hizo que Finito tuviera que matar los dos primeros toros de lidia ordinaria de la jornada. No tuvo suerte con ellos, pero su labor fue reconocida con salida al tercio en ambos casos:

Raúl Contreras “Finito” es un torero que va recuperando el terreno que perdió lastimosamente después de un ostracismo inexplicable. Conserva lo fundamental para su profesión: valor. Y ha refrescado su empeño. Planta los pies de verdad. Su toreo ha sido eso, verdad, y pisa terrenos que lo acercan al drama. Ayer despachó primero y segundo pues el torilero se equivocó y los soltó uno tras otro… La equivocación del torilero dejó aquello en un mano a mano con cuatro toros entre Antonio Lomelín y Rafael Gil “Rafaelillo”…

Felipe Zambrano topó con un toro de La Punta que no se prestó para el toreo a caballo y de acuerdo con la relación que hace Lazo, bastante hizo con poder colocarle los hierros de reglamento y algunas banderillas. Lo dejó para que el sobresaliente – de quien no menciona el nombre – terminara con él, lo que consiguió con una entera caída después de un pinchazo.

Lo que seguiría

Habría toros en días seguidos hasta el de San Marcos. Para la noche del viernes 21, se anunció a Alfredo Leal, Joaquín Bernadó, Jesús Solórzano y Alfonso Ramírez Calesero Chico, con toros de Las Huertas. Ya recordaremos ese festejo el día de mañana.

domingo, 1 de agosto de 2021

1º de agosto de 1971: Antonio Lomelín y Querendón de Mimiahuápam

El sangriento verano de 1971

Antonio Lomelín
La llamada Sentencia de Frascuelo se hace presente en los ruedos de cuando en cuando. Pero hay épocas en la historia del toreo en las que los toros parecen empeñados en repartir cornadas graves una tarde y la siguiente también. Así, en el verano de hace medio siglo, el día de Santiago aquí en México, Manolo Martínez se llevó una grande en Ciudad Juárez de un toro de Valparaíso y del otro lado del mar, en el festejo inaugural de la plaza de Villanueva de los Infantes, el toro Cascabel de Luis Frías Piqueras infería otra, que a la postre resultó ser mortal, al torero canario José Mata, que había acudido a actuar esa tarde sustituyendo al originalmente anunciado Juan Calero, que se cayó del cartel.

Al siguiente domingo, en la plaza mallorquina de Inca, Adolfo Ávila El Paquiro, que alternaba con Gabriel de la Casa y Antonio José Galán fue lesionado por el toro de la ganadería de Pepe Luis Vázquez que abrió plaza, resultando con una una fractura y luxación de cuarta y quinta vértebras cervicales y aplastamiento de médula que lo dejó parado por el resto de la temporada y en nuestra frontera Norte, de este lado del mar, ocurrieron los hechos que trataré de contar enseguida.

Tijuana, México 1º de agosto de 1971

El festejo anunciado en la Plaza Monumental de Las Playas ese día se integraba con toros de San Miguel de Mimiahuápam para Jesús Solórzano, Antonio Lomelín y Arturo Ruiz Loredo. La corrida era una de las primeras que don Luis Barroso Barona lidiaba en México después de su gran triunfo en Madrid el 22 de mayo anterior. El encierro y la presencia del acapulqueño Lomelín, triunfador también de la Feria de San Isidro, redondeaban lo que podía ser una gran tarde de toros.

Se dice que las cornadas son consecuencia de errores de los toreros. El cuarto toro de ese festejo fronterizo, llamado Querendón por su criador, correspondía a Jesús Solórzano quien era un buen banderillero. Invitó a Antonio a compartir con él el segundo tercio y es allí donde se produjo el percance. José Alameda, en su Crónica de Sangre, lo describe de la siguiente manera:

Acaba Lomelín de regresar de España. Y el primero de agosto de ese año 71, reaparece en Tijuana. Chucho Solórzano le ofrece banderillas en el cuarto de la tarde, “Querendón” de Mimiahuápam. Lomelín rompe los palos sobre el testuz y cuadra con las cortas. Pero los palos se caen. Emberrinchado, los recoge y repite la suerte. Para no volver a fallar, se queda un instante en la cara, suficiente para que el toro, con sólo alargar el cuello, lo alcance en su derrote frontal y lo despide a la arena… Yo estoy transmitiendo por radio la corrida y cuando Lomelín pasa ante el burladero de trabajo, en brazos de los monosabios, lo veo enconchado, como sumido, y con una sombra que le cambia el color del rostro…

Ingresó en la enfermería para quedar en las manos del equipo que en esas fechas dirigía el doctor José Rodríguez Oliva, avezado cirujano que había enfrentado ya varios percances graves, como aquel de Antonio Ordóñez el 29 de abril de 1962, complicado por la alergia del rondeño a los antibióticos y a determinados analgésicos y que le hizo perder su paso por las ferias de Sevilla y Madrid, teniendo firmadas en esta última la friolera de ¡seis tardes!

Sigue contando Alameda:

El Dr. Rodríguez Oliva, clínico de experiencia, levanta la camisa del torero. Una incisión limpia aparece a nivel del hígado. El médico alza la cara y me ve de frente. Luego, sin mover la cabeza, dirige la mirada hacia la herida y vuelve a levantarla hacia mí. Es un diálogo sin palabras. Los dos pensamos en lo mismo: Alberto Balderas. La cornada, aparentemente, es la misma. Sólo una mínima diferencia, providencial. Rodríguez Oliva me lo explica después: el derrote frontal, que interesa el hígado, es tan rápido que rechaza y despide al torero limpiamente, sin tiempo para que el pitón desgarre la víscera. De haber sucedido esto último, el estrago sería irreparable…

La impresión que cuenta José Alameda, que narraba por radio el festejo mano a mano con Valeriano Salceda Giraldés, se corrobora con el parte que el médico rindió después de la intervención al diestro:

Herida por asta de toro, penetrante de vientre, que se localiza en el hipocondrio derecho, exactamente en el reborde costal derecho y a nivel de la línea media clavicular con un solo orificio de entrada, como de 8 centímetros de diámetro aproximadamente, que interesó músculo recto anterior, peritoneo y porción de epiplón. Se amplió la región lesionada en una extensión de 25 centímetros y, al examinarla, se apreció que el asta del toro interesó el lóbulo hepático derecho, desgarrándolo en una superficie de 8 centímetros y con una profundidad de 10 centímetros en el parénquima hepático. Su pronóstico es grave y esa lesión es de las que ponen en peligro la vida del torero. Dr. José Rodríguez Oliva.

El torero fue intervenido e internado en la Clínica Primavera de Tijuana y posteriormente trasladado a la capital de la República donde se le ingresó en el Sanatorio Español donde en principio, terminaría su recuperación.

Años después, en 1987, el doctor Rodríguez Oliva contó a Jeannette DeWyze, del semanario norteamericano San Diego Reader lo siguiente acerca de su actuación para atender este percance:

Rodríguez afirma que quizás algunas de las cornadas más graves se han producido en las plazas de Tijuana. Una de ellas fue la de agosto de 1971 sufrida por Antonio Lomelín.

El famoso torero acababa de colocar un par de banderillas y giró buscando salir de la suerte, cuando el toro tiró la cornada y prendió a Lomelín en el abdomen, bajo la última costilla. En la enfermería, el doctor Rodríguez se preparó a ritmo frenético y estando listo realizó la incisión en el sitio dañado, mostrando el hígado “estallado en la forma que quedan los cristales de los automóviles cuando se les arroja una piedra”, recuerda.

Hoy el doctor Rodríguez simula la manera en la que de manera rápida suturó el órgano lesionado, haciéndolo de dentro hacia afuera. Cuenta que después aplicó compresas calientes al hígado y dijo a sus asistentes: “Relájense, ya podemos contar chistes”. Cuando después de diez o quince minutos removió las compresas, el sangrado se había detenido y el doctor Rodríguez concluyó la cirugía. 

Lomelín, una vez recuperado de esa cornada, le obsequió al médico un bisturí de oro en muestra de agradecimiento y de reconocimiento a su habilidad quirúrgica…

Contado así, el procedimiento parece sencillo, pero se requiere un gran conocimiento de la anatomía y fisiología humanas y también una extensa experiencia quirúrgica para tener la frialdad suficiente para enfrentar un evento traumático de esa naturaleza.

Las complicaciones de la rebeldía

Antonio Lomelín no tenía el ánimo como para permanecer quieto en la situación en la que se encontraba. Sus triunfos en Madrid le abrieron las puertas de muchas plazas y de muchas ferias importantes en ruedos europeos. Así, en cuanto las peores molestias de la cornada de Querendón cedieron, aún en la cama del hospital, comenzó a urdir la manera de retomar su andar por los ruedos y quiero pensar que se fijó como meta reaparecer en un cartel de tronío. Esto le contó a Jaime Rojas Palacios e Ignacio Solares para su libro Las Cornadas a este propósito:

Yo creo que es la cornada más grave que he tenido – nos dice Antonio –. También ha sido la más dolorosa y la que dejó penosas consecuencias. Después de ocho días, de Tijuana me trajeron al Sanatorio Español de esta capital para que me atendiera el Dr. Hernán Cristerna, especialista en gastroenterología. Ahí estuve dos semanas y media. Sin que los médicos se enteraran, ordené a mi mozo de estoques que comprara boletos de avión y que dispusiera todo para un viaje. Yo tenía una corrida importantísima para mí en Almería, España, pues alternaría con “El Cordobés” y Diego Puerta, y de ningún modo quería perdérmela. Del hospital salí a escondidas y directo me fui al aeropuerto. Llegué a Madrid y al otro día estaba en Almería para torear, sólo 28 días después de mi percance en Tijuana. Corté oreja…

Sin embargo, Antonio Lomelín no estaba plenamente recuperado de sus heridas y pronto las secuelas de la interrupción del tratamiento que se le debió dar empezaron a pasarle factura, cada vez le costaba más recuperarse de los esfuerzos que le representaba el lidiar toros, según contó a Rojas Palacios y Solares:

Me sentía muy desganado. Solo toree en España siete corridas. Cada vez tardaba más tiempo en recuperarme. Primero eran dos o tres horas; luego, un día, y después, dos o tres días en los que no podía levantarme. Regresé a México y otra vez al Sanatorio Español, donde me encontraron un gran hematoma en el hígado. Duró mucho tiempo mi restablecimiento. Estuve más de un mes hospitalizado. Afortunadamente, no hubo necesidad de intervenirme otra vez. El Dr. Cristerna prefiere evitar la cirugía mientras sea posible...

La juventud permite a los seres humanos retar a la naturaleza en muchos aspectos, pero esta acabará imponiéndose en algún determinado momento. Creo que eso le sucedió en este caso a Antonio Lomelín.

La temporada 71 de Antonio Lomelín

El año de 1971 lo inició toreando en Irapuato el 1º de enero y lo terminó en Acapulco el 26 de diciembre. En México actuó en 17 festejos, cortando 24 orejas, 2 rabos y una pata. En ruedos de Europa toreó igualmente 17 tardes, 14 en España y 3 en Francia. También actuó 2 tardes en Lima, sumando consecuentemente 36 corridas toreadas ese año.

Afirmó a Ignacio Solares y Jaime Rojas Palacios que tras de su reaparición el 26 de agosto en Almería, solamente pudo torear 7 corridas más en España. La realidad es que solamente fueron tres más, Peñaranda de Bracamonte, Mérida y Barcarrota, esta última el 9 de septiembre con la que cerró su campaña allende el mar y las fechas perdidas en esas tierras que pude encontrar fueron únicamente las de Vitoria, Bayona y Frejus.

Aquí en México reapareció hasta el domingo 10 de octubre, alternando con Luis Miguel Dominguín y Adrián Romero en la lidia de toros de José Julián Llaguno y al día siguiente volvería a actuar al lado de El Número Uno, junto con Joselito Huerta en Guadalajara, pero ante toros de Torrecilla.

Antonio Lomelín fue el ganador del trofeo Mayte por el año 1971 al mejor quite de la Feria de San Isidro (en la que cortó 3 orejas). En 1970, había ganado el de la mejor estocada. El jurado lo integraron en ese año el Conde de Colombí, Antonio Bellón, Manuel Lozano Sevilla, Domingo Ortega, Luis Gómez Estudiante, Ricardo García K – Hito, José María del Rey Caballero Selipe, César Jalón Clarito y Rafael Campos de España

El Mayte al triunfador de la feria se lo otorgaron a Antonio Bienvenida, que cortó cuatro orejas en la corrida concurso del 30 de mayo, en festejo en el que su alternante, Andrés Vázquez, fue herido por el primero de su lote y el hijo del Papa Negro se quedó con casi toda la corrida.

Concluyendo

Así pues, estos son los hechos y algunas de sus consecuencias ocurridos hoy hace medio siglo. El personaje de estas líneas, Antonio Lomelín, nos debe dejar bien claro que, así como en los tendidos hay sol y hay sombra, para quienes se juegan la vida en el ruedo hay triunfo y hay también tragedia y éstas, a veces, se encuentran en un muy breve espacio de tiempo.

Aviso Parroquial: Quiero agradecer a mi amigo Doblón (@toritosyburros) por haberme acercado a la ubicación exacta de la plaza en la que ocurrieron los hechos aquí narrados y por haberme proporcionado la ubicación del artículo del San Diego Reader citado arriba.

Aldeanos